Es necesario enfatizar, que para entender el libro de Romanos es imprescindible colocarnos en las sandalias de Saulo de Tarso. De familia judía, circuncidado al octavo (8vo.) dia, participó en la ceremonia del Bar Mitzvah, por la cual se le declaraba oficialmente “hijo de los mandamientos”. Educado en la escuela de la Sinagoga de Tarso, y a los pies de Gamaliel, Saulo dominó el Hebreo, el Griego, el Arameo y probablemente también el Latín. Esto le ayudó a entender la cultura y la religión judía. Por ello, vamos a dedicar un tiempo a analizar un aspecto importante: La estructura del pensamiento de Saulo.

Cualquier judío como es el caso de Saulo (devoto, comprometido, sin ninguna duda que Israel era el pueblo de Dios), hubiera defendido al judaísmo de una amenaza, como la secta que estaba surgiendo (el Cristianismo). Esta seguridad, llevaba (y todavía lleva) al judío, a creer que ellos tienen la verdad, que los que están equivocados son “los otros”. Por esto, fue y es, difícil, tratar de modificar el esquema de la mente judía. Dediquemos unos minutos a considerar la estructura del pensamiento judío con la estructura del pensamiento griego. Así, apreciaremos lo difícil que era para Pablo, transmitir nuevo conocimiento a una mente judía.

Si tuviéramos que graficar la línea del pensamiento judío, tendríamos que dibujar una flecha cuya dirección va de izquierda a derecha, porque la tendencia del pensamiento hebreo se proyecta hacia el futuro. En contraste, la línea del pensamiento griego es una flecha que va a la inversa, de derecha a izquierda, (totalmente opuesta a la línea del pensamiento judío), porque el pensamiento griego se proyecta hacia el pasado. Explora cuáles fueron las causas de las cosas que produjeron el presente que tenemos. Así es como surge la filosofía griega, la cual busca respuestas a preguntas como: ¿Qué?, ¿Quién?, ¿Cómo?, ¿Dónde?, ¿Cuándo? y ¿Por qué?. Nuestra herencia académica greco-romana tiene fuertes lazos con la cultura y el pensamiento griego.

Podemos así entender, cuán difícil fue para el apóstol Pablo hablar a Judios-Cristianos acerca del “nuevo conocimiento” que sobre el reino de Dios, recibió en el camino a Damasco. Sin embargo, solo una mente judía como la de Pablo, podia aclarar y explicar las diferencias entre el judaísmo y el cristianismo. Tampoco fue fácil para Pablo hablar a Cristianos-Gentiles, que venían de diferentes trasfondos religiosos. La mayoría de esos gentiles (por no decir la totalidad), tenían una concepción politeísta acerca de la divinidad. Pablo era la persona mejor preparada en ese momento para explicar a judios y a gentiles, la verdad acerca de Cómo se Salva la Gente.

En el libro de Romanos, vez tras vez Pablo vuelve al objetivo de bajar la ley de Moisés del pedestal en que la habían colocado los fariseos, y que llegó a convertirse en parámetro de salvación. El problema generado por los fariseos sigue vigente en nuestros dias y ha afectado al cristianismo por más de dos mil años (nos referimos específicamente a las Iglesias del bando legalista, que creen que la ley es parámetro de salvación). Hoy, es sumamente difícil sacar la Ley de Dios como parámetro de salvación, de una mente que fue adoctrinada en tal sentido, pues es muy diferente centrar el cristianismo en la Ley de Dios, que centrar el cristianismo en el Dios de la ley.  Esto no significa que la ley pierda su importancia. Lo que quiere decir es, que las Iglesias deben estar centradas en Dios, no en las cosas de Dios. Las cosas de Dios (sea el santuario, la ley, la mission, etc), adquieren importancia y ubicación en su momento adecuado, pero nunca, deben suplantar a Dios de su lugar de primacía.

Cuando el judaísmo puso a Dios de lado (y fue la mayor parte del tiempo en sus 1.400 años como pueblo de especial), Dios organizó el Cristianismo, sellando la transferencia del Judaísmo al Cristanismo, como pueblo de Dios. Pero Dios no lo hizo para que el Cristianismo repitiera el error del Judaísmo. Lo grave es que el Cristianismo está cometiendo la misma equivocación, centrando no la ley, sino la ekklesía, (es decir, la iglesia misma como centro), y desplazando a Dios de su lugar. Usted solo tiene que asistir a una iglesia cristiana para saber si es Dios (o es la iglesia), el centro de atención.  ¿Qué es lo que se promueve?, ¿En qué gastan la mayor parte de su tiempo y su dinero?, ¿De qué hablan o predican la mayor parte del tiempo? ¿Es Dios el centro de la iglesia? o ¿Es la iglesia el centro de la iglesia misma? Mil años del período de la iglesia medieoeval pueden darle una idea de lo que queremos señalar.

Escribiendo acerca de la ley, la pluma inspirada aclaró que la ley del amor (o dicho de otra manera, el amor como ley) es el fundamento del gobierno de Dios. PP. 12. No se refiere a los Diez Mandamientos, pues en 1878 ella aclaró: “La ley de Dios existía antes de la creación del hombre, o de lo contrario Adán no podría haber pecado. Después de la transgresión de Adán, los principios de la ley no fueron cambiados, sino que fueron definidamente ordenados y expresados para responder a las necesidades del hombre en su condición caída.” 1-MS. 270. Quiere decir que la ley dada en el Monte de Sinaí, fue redactada de una manera que los israelitas la pudieran entender. Esto tiene sentido, pues ¿cómo explicaría usted el mandamiento que dice: “No cometarás adulterio” Exo. 20:14, en una comunidad de ángeles que ni se casaban, ni se daban en casamiento? A propósito, los seres humanos perderán este privilegio de procrear nueva vida “porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento.” Mat. 22:29,30.

Pablo tenia muchas cosas para compartir con los judios-cristianos, y en capítulos  del libro 1-8 de Romanos vierte un gran cúmulo de conocimiento. Pero vez traz vez, Pablo necesita regresar a enfatizar que Dios (y no la ley), es el parámetro de salvación. Pablo ratifica el testimonio del Espíritu, que en el Cristianismo, “somos hijos de Dios. Y si hijos también herederos…” Rom. 8:16,17. Les habla a los judíos en su terreno. Corrige las desviaciones del pensamiento judío en cuanto a Dios y el reino de Dios, y en este intento de rectificación, Pablo persiste en bajar la torah (Los Diez Mandamientos y las 603 leyes adicionales), de ese pedestal en que fue colocada por los mismos judíos. No había, ni tampoco hay conflicto entre la ley y la salvación.

Captar el concepto correcto sobre ‘Cómo se Salva la Gente’, nos permitiría economizar una buena cantidad de tiempo, energía y recursos económicos que empleamos tratando de exaltar la ekklesía y dedicarnos a la tarea principal que es difundir el verdadero conocimiento sobre Dios. Al mismo tiempo, evitaremos seguir en una continua polémica sobre la ley como parámetro de salvación. Esto no tiene sentido. La ley nunca fue dada como parámetro de salvación y por lo tanto no es necesario seguir discutiendo este punto ad infinitum.

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