Por la absoluta seguridad que los hebreos/judíos tenían y que eran depositarios de la verdad, Pablo, (quien también era judío), insiste en bajar la ley de Moisés (torah) del pedestal en que la habían colocado los fariseos y que llegó a convertirse en parámetro de salvación. Cuando el judaísmo puso a Dios a un lado, Dios mismo, tomó un remanente judío y estableció la ekklesia organizando el Cristianismo, del cual Pablo llegó a ser apóstol Rom. 1:1. El nuevo pueblo de Dios tendría un nuevo modelo (nuevo paradigma) que exigía clarificar la transferencia del Judaísmo al Cristianismo. En los capítulos 9-11 de Romanos habla de la transferencia.

La transferencia del Judaísmo al Cristanismo como pueblo de Dios (Mat. 21:43), no se hizo para que el Cristianismo repitiera el error del Judaísmo. Lamentablemente el Cristianismo está cometiendo el mismo error al colocar, no la ley, sino la ekklesía, (es decir la iglesia misma) como su centro. En relación con la transferencia del Judaísmo al Cristianismo hay dos posiciones: Un bando (los legalistas) afirman que se transfirió todo; el otro bando (los anti-legalistas) predican que nada se transfirió, pues el Antiguo Testamento contiene el antiguo pacto que era solo para los judíos. La realidad es que ambos bandos no tienen el cuadro completo, porque sí hubo una transferencia ‘parcial’ del Judaísmo al Cristianismo, por la sencilla razón de que Dios decidió adoptar un nuevo modelo (o nuevo paradigma) para el período del Cristianismo. Apoc. 2 y 3.

En 1 Ped. 2:9 encontramos una declaración sorprendente y a su vez delicada. Habla de la transferencia de los privilegios del Antiguo Israel al Nuevo Israel. La transferencia de privilegios es agradable, pero la transferencia también incluye responsabilidades: El Cristianismo debe cumplir con la misión original encomendada a Israel. En esta forma el plan y objetivo divino finalmente se concretaría en una realidad. Esta transferencia incluyó el cambio de paradigma (o cambio de modelo), y fue decidido por Dios.

Observemos varias similitudes y diferencias en los dos modelos:

Con el Antiguo Israel: 1. Dios seleccionó y llamó a uno, Abraham. Con el Nuevo Israel: 1. Dios seleccionóy llamó a doce, los apóstoles.

  1.  Con el Antiguo Israel: El pueblo sería un pueblo especial sobre la tierra. 2. Con el Nuevo: 2. El pueblo sería el pueblo especial sobre la tierra (igual en ambos casos).
  2. Con el Antiguo Israel: El pueblo se formaría con los descendientes de Abraham. 3. Con el Nuevo Israel: El pueblo se formaría con los descendientes de multiples razas que se reconocerían como linaje espiritual de Abraham. Aquí hay un cambio en el modelo.
  3. Con el Antiguo Israel: El nacimiento y la circunsición literal/y del corazón (Deut. 10:12-16), identificaba a cada niño como miembro del pueblo especial. Con el Nuevo Israel: El bautismo por inmersión/y la circunsición del corazón (Rom. 2:29), identificarían a los adultos como miembros del pueblo especial.
  4. Con el Antiguo Israel: El pueblo se organizó en tribus. Con el Nuevo Israel: El pueblo se organizaría en ekklesías, comunidades religiosas/iglesias.
  5. Con el Antiguo Israel: Una tribu fue seleccionada para el ministerio levítico y sacerdotal, la tribu de Leví. Con el Nuevo Israel: Todas las tribus tendrían acceso al ministerio pastoral.
  6. Con el Antiguo Israel: La tribu de Leví fue seleccionada para conformar un nuevo sacerdocio (temporal). Con el Nuevo Israel: El Hijo de Dios re-estableció en la tierra el sacerdocio de Melquisidec, un sacerdocio eterno.
  7. Con el Antiguo Israel: El ministerio sacerdotal era hereditario y le correspondía al primogénito. Con el Nuevo Israel: Al ministerio sacerdotal de Melquisidec se accedía por llamado: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Ped. 2:9).
  8. Con el Antiguo Israel: Los privilegios estaban condicionados por el pacto heb berith, alianza o acuerdo. Los privilegios del Nuevo Israel estaban condicionados por el pacto (igual en ambos casos).
  9. Con el Antiguo Isael: El pacto requería: El reconocimiento de la supremacía de Dios y el seguir el camino de la santidad (Lev. 11:45). Con el Nuevo Israel: El pacto requería: El reconocimiento de la supremacía de Dios y el seguir el camino de la santidad (Lev. 11:45) Igual en ambos casos.
  10. Con el Antiguo Israel: El resultado del pacto sería vidas transformadas por el Espíritu de Dios. Con el Nuevo Israel: El resultado del pacto sería vidas transformadas por el Espíritu de Dios (Igual).
  11. Con el Antiguo Israel: El resultado automático del pacto sería testificación ante las naciones. Con el Nuevo Israel: El resultado automático del pacto sería testificación-y-predicación ante las naciones.
  12. Con el Antiguo Israel: El testimonio resaltaría las virtudes de Dios, reflejadas en la vida de los israelitas. Con el Nuevo Israel: El testimonio resaltaría las virtudes de Dios, en la vidas de los cristianos.
  13. Con el Antiguo Israel: Las naciones admirarían la grandeza de Dios y se sentirían atraídas a unirse al pueblo de Dios, (Zac. 8:23. 14). Con el Nuevo Israel: Las naciones escucharían la predicación del evangelio, admirando la grandeza de Dios (no la grandeza de la iglesia), y se unirían al pueblo de Dios.
  14. Con el Antiguo Israel: El resultado sería producción de frutos espirituales. Con el Nuevo Israel: El resultado sería producción de frutos espirituales (Igual en ambos casos).
  15. Con el Antiguo Israel: No producir los frutos conllevaría a la pérdida del reino, “El reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mat. 21:43). Con el Nuevo Israel: No producir los frutos conllevaría a la pérdida del reino.

Cuando se transfirió el reino a la Iglesia Cristiana, el Señor añadió un cuarto elemento a la Misión: Predicar el evangelio en todo el mundo. En ninguna parte de la Escrituras se menciona que Dios al transferir la Misión del Judaismo al Cristianismo, anuló o eliminó la Misión Original dada a Israel. La transferencia cambió el paradigma (o modelo), pero no eliminó los elementos esenciales: El pacto y la misión original. En el Cristianismo también: 1. Dios tiene que ser supremo en la vida de las personas. 2. La iglesia Cristiana también tiene que recorrer el camino de la santidad, 3. La vida personal de los nuevos creyentes también debe dar testimonio permanente de la grandeza de Dios, y 4. La iglesia debe predicar el evangelio en todo el mundo, por testimonio a todas las naciones “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mat. 24:14).

La iglesia Cristiana debe reconocer que el reemplazo y la transferencia del Judaísmo al Cristianismo fueron motivados por la falta de frutos, resultado directo de la falta de Dios en sus vidas. No era el nombre “Israel” lo que lo hacía de los hebreos un pueblo especial. Era la relación auténtica con el Dios elohym lo que producía los resultados. Ese también es nuestro desafío. Si el cristianismo piensa que la retórica del evangelio y la exaltación de la ekklesía responden al plan y objetivo de Dios, están tan equivocados como los judíos del Antiguo Testamento.

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