Mientrras que los escritos de Pablo se dirigieron a una comunidad de creyentes no-judios (esto es, gentiles-convertidos que venían de culturas paganas, idólatras, esotéricas –es decir, que manejaban lo oculto-enigmático-reservado), las epístolas de Pedro se enfocaron en los judios-cristianos que por la dispersión (diáspora), estaban ubicados mayormente en la provincia de Anatolia (Galacia, parte nor-occidental de la actual Turquía). Estos creyentes judíos, pecaban de legalistas, enfocados en la salvación por obras, y firmementes anclados en la tradición.

Tres aspectos afectaban a los creyentes judio-cristianos: 1. La iglesia enfrentaba tiempos difíciles, 2. Recibían el impacto de la persecución externa por parte del Imperio Romano, y 3. El peligro de los falsos maestros que surgían desde adentro. Pedro inicia su epístola destacando la presciencia de Dios. 1-Ped. 1:2, algo que muchas veces pasamos por alto. Pensamos que a Dios lo tomó por sorpresa la rebelión de Lucifer, la caída de Adán y Eva, y las fallas que ocurrieron en el pueblo de Israel, en los reyes, jueces, profetas, y sacerdotes. Nada más lejos de la realidad. Debido a la presciencia de Dios, Él sabe el fin desde el principio, en la vida de una persona o en la vida de una comunidad o nación.

El mensaje de Pedro: 1. Destaca la presciencia de Dios; 2. El sacrificio del Hijo de Dios, que logra la liberación de la muerte eterna generada por el pecado, y 3. El juicio final que destruirá el pecado y limpiará. (2-Ped. 3:7). Pedro menciona asuntos importantes relacionados con la salvación. Debemos recordar que “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros.”( Deut. 29:29) Por ello, tenemos seguridad sobre lo que Dios ha revelado, y no es conveniente especular sobre las cosas secretas (o misterios) de Dios.

El pecado, que impactó la vida de los hijos de Dios, solo es posible comprenderlo cuando estudiamos el término en el idioma original. La palabra pecado viene del latin Peccatum, y significa falta, error o delito de carácter menor. El Diccionario Larousse, edición vigésima, 2015, define pecado como: Transgresión de la ley divina. Esto no es una traducción de la palabra latina, sino una referencia a la declaración bíblica de 1-Juan 3:4.

Para comprender la gravedad del pecado (que impidió a los seres humanos continuar viviendo por la eternidad),  es necesario acudir a las Escrituras Hebreas (Antiguo Testamento). Para sorpresa nuestra, encontramos que la palabra pecado no existe en el idioma hebreo. El término heb hattah significa desviarse del camino, fallar el objetivo, y ha sido traducido como ‘pecado’, pero no es una traducción adecuada. Otras palabras en el hebrer bíblico  que describen el mal: rashah, significa maldad, alguien que es culpable por haber cometido una acción criminal, también se traduce como pecado; avon/awon, verbo que señala un acto de injusticia, significa iniquidad, y se ha traducido algunas veces como pecado; shaga, significa error, y también se traduce como pecado, nebulah, un acto de locura realizado por un hombre mentalmente deficiente.  La palabra pesha, significa rebelión,  transgresión, y también se traduce algunas veces como pecado. Estas palabras identifican acciones, erróneas, incorrectas, y malas. La palabra pecado se ha convertido en un término genérico, y por eso se hace necesario explicarla y enseñarla desde su raíz original, el Hebreo. Es necesario hacer la diferencia entre el pecado-como-acción, y el pecado-como-actitud-de-rebelión contra Dios. La rebelión no fue tolerada en el pasado, como es el caso de Lucifer, ni tampoco con Adán, ni Eva. Tampoco fue aceptable en el caso del pueblo de Israel, ni es aceptable en el tiempo presente. Por la rebelión contra Dios, el reino de Dios fue quitado al pueblo de  Israel, y fue dado a la iglesia Cristiana (Mat. 21:43). Así, “los elegidos”, recibieron un privilegio, y automáticamente asumieron una responsabilidad. La transferencia no fue solo de privilegios como usualmente se predica.

Cuando Dios organizó al pueblo de Israel como su pueblo especial (Deut. 7:6-8), les definió su misión o propósito: “Yo soy  Jehová que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios:  Seréis, pues, santos, porque yo soy santo.” (Lev. 11:44,45). Esta declaración de misión (o declaración-de-propósito), contiene tres elementos: 1. Dios debía ser reconocido como el Dios-Supremo en la vida de las personas, 2. Era necesario para Israel recorrer el camino de la santidad, y como consecuencia de los dos anteriores, 3. La vida de los hijos de Israel testificaría ante todas las naciones, de las bondades de vivir bajo los principios y normas establecidas por el Dios.

Cuando la misión se transfirió a la Iglesia Cristiana, el Señor añadió un cuarto (4) elemento: Predicar el evangelio en todo el mundo. En ninguna parte de la Escritura se menciona que Dios, al transferir la misión del Judaísmo al Cristianismo, anuló o eliminó la misión original. En el cristianismo: 1. Dios también tiene que ser supremo en la vida de sus seguidores, 2. Igualmente la iglesia Cristiana tiene que recorrer el camino de la santidad, 3. La vida personal de los cristianos debe dar un testimonio permanente, ante el mundo, no porque sea una obligación ética, sino porque su vivencia espiritual en la relación personal con Dios, lo transforma, lo vivifica, lo hace vivir una nueva vida que la persona no puede esconder.  En cuarto (4) lugar, se debe predicar el evangelio en todo el mundo. Así, la predicación que se añadió a la misión, no reemplazó ni anuló la Misión Original, sino la complementó. No se cumple la Misión Original cuando solo se centra en la predicación, como tampoco se cumpliría si se centra en cualquier otro punto. Debe incluir los cuatro elementos. Esto es lo que hace la diferencia.