¿Sabe usted cuán difícil es cambiar la mente de una persona que lleva años en una línea de pensamiento y creencias formada por sus padres, maestros y dirigentes religiosos? Ellos (los dirigentes religiosos), estaban convencidos que tenían la verdad última. Hoy dia, esa misma dificultad existe en las personas (o comunidades religiosas) que se clasifican como “legalistas”. El término legalista identifica a una persona que: “Aplica extrictamente la ley sin tener en cuenta otros condicionamientos”.  Diccionario Larousse, edición del 2015.

Considere ahora, cuán difícil fue para el apóstol Pablo hablar a Judios-Cristianos acerca del “nuevo conocimiento” que él recibió en el camino a Damasco acerca del  reino de Dios. Ellos, (los Judíos-Cristianos), tenían su mente cerrada por creencias, practicas y tradiciones, que año tras año se pasaban a la siguiente generación. Tampoco fue fácil para Pablo hablar a los Cristianianos-Gentiles, que venían de diferentes trasfondos culturales y religiosos. La mayoría de ellos estaban enmarcados por una concepción politeísta acerca de la divinidad. Fue un desafío para Pablo transmitir la verdad acerca de “Cómo se Salva la Gente”, pero justamente Pablo era la persona mejor preparada en ese momento, pues había comulgado en el judaísmo con dedicación, convicción y compromiso. Él tenía la responsabilidad de cumplir la misión asignada por Dios de aclararle al judaísmo su situación, y al mismo tiempo anunciar a los gentiles su nueva opción.

Para comprender la Epístola a los Romanos es necesario comprender el problema. ¿Cuál era el problema? Aclarar la verdad sobre “Cómo se Salva la Gente”. La pregunta clave sería: ¿Cuándo y dónde, se introdujo el concepto de que la ley de Dios es, (o forma parte de), el parámetro de salvación? Los Diez Mandamientos, mas los 603 decretos, leyes, estatutos, ordenanzas dadas por Dios, fueron entregados al pueblo de Israel por medio de Moisés en el Monte Sinaí en 1.445 a.e.c. (antes de la era Cristiana o era común). Los Diez Mandamientos no podían ser el parámetro de salvación, porque entonces alguien tendría que explicar cómo se salvarían los que vivieron desde la creación hasta el año 1,445 a.e.c. Estamos hablando aquí de un período de por lo menos 2.600 años. La otra razón es que los Diez Mandamientos junto con los otros 603 mandamientos, fueron dados por Dios al pueblo de Israel como un código de ética o manual de conducta, que señalaba cómo debían vivir los israelitas en comunidad al recorrer el camino de la santidad.

Cuando murió el rey Salomón (año 931 a.e.c.), el pueblo de Israel se dividió en dos reinos: El Reino del Norte, y el Reino del Sur. Con el tiempo ambos reinos se apartaron de Dios y no siguieron sus instrucciones. El Reino del Norte fue advertido que si no se arrepentían irían en cautiverio lo cuál se cumplió en 722 a.e.c., cuando fueron llevados a Asiria. El Reino del Sur (Judá) también recibió la advertencia que si no se arrepentían irían en cautiverio a Babilonia, y esto se cumplió en el año 606 a.e.c. Durante los 70 años del cautiverio del pueblo judío en Babilonia (606-536 a.e.c.), los judíos se preguntaban: ¿Por qué nos ha sobrevino esta calamidad? Llegaron a la conclusión que la única razón de ese desastre nacional en el judaísmo fue por haberse apartado del fiel cumplimiento de la toráh (leyes y mandamientos dados por Dios a través de Moisés), y de manera especial, los Diez Mandamientos, que fueron escritos por el dedo de Dios en tablas de piedra entregados en el Sinaí y que constituían el fundamento moral que daba soporte a todas las 603 leyes y mandamientos. Así se formó la secta de los Fariseos.

Al regresar del cautiverio, los fariseos se dedicaron a enfatizar la necesidad de dar seria atención al cumplimiento de la ley (o leyes) de Dios y crearon regulaciones que tenían la intención de proteger al pueblo para no fallar en el cumplimiento de la ley. Solo en relación con la observancia del séptimo día que era el shabbath (reposo), habían más de 1.500 regulaciones. Por tratar de hacer un bien para asegurar la salvación, los fariseos cometieron un error al colocar la ley por encima de Dios. Es decir, la ley se convirtió en Dios y desplazó a Dios de su lugar preeminente. El cristianismo debe tener cuidado de no incurrir en el mismo error. No se debe colocar la iglesia por encima de Dios. Si al asistir a la iglesia, el creyente solo escucha énfasis acerca de la iglesia misma, entonces Dios está siendo puesto a un lado.

Hoy preguntamos ¿Cómo se Salva la Gente? La respuesta es: De la misma manera como Dios determinó la salvación de los que vivieron antes del diluvio, después del diluvio y en el período del Nuevo Testamento. El parámetro de salvación fue establecido por Dios, antes de la fundación del mundo, por su capacidad de ver el fin desde el principio. Ese parámetro era, Dios mismo. Pablo aclaró en su carta a los Efesios: (Dios) nos escogió en él, antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha” Efe. 1:3,4. Gracias a la justicia y la misericordia de Dios, el ser humano que caería en la trampa de la rebelión contra Dios, no sería el responsable del pecado, porque el pecado surgió en el cielo, antes de la creación de los seres humanos. Solo había un responsable: Lucifer. Y Dios, tendría que resolver ese problema que le crearon en su reino.

En su explicación sobre el problema, Pablo dice: “Concluímos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” Rom. 3:21. Significa que, el ser humano es considerado justo, o declarado justo, o hecho justo, aunque en la realidad no es justo, porque “no hay justo ni aún uno” Rom. 3:10-12. Dios determinó no responsabilizar al hombre de la rebelión del pecado, porque el hombre ni siquiera existía cuando surgió el pecado-de-rebelión. Así que el hombre puede salvarse, gracias a la fe (fe debe entenderse, no como creencia intelectual, sino como confianza plena en Dios). Los demonios creen en Dios, pero los demonios no van a recibir la salvación. Los predicadores tienen el deber de enfatizar la diferencia entre fe como creencia intelectual, y fe como confianza plena en Dios; por supuesto para confiar en Dios se necesita creer en Él. Es la confianza y no la creencia intelectual, el factor determinante.

En Romanos, Pablo les habla a los judíos en su terreno. Su deber es corregir las desviaciones del pensamiento judío en cuanto a Dios y el reino de Dios. Y en este intento de rectificación, Pablo persiste en bajar a la torah (Los Diez Mandamientos más las 603 leyes adicionales), de ese pedestal en que fueron colocados por los mismos judíos. Por eso es que Pablo dice que por la confianza en Dios no invalidamos la ley, sino que la confirmamos (Rom. 3:31), porque no había ningún conflicto entre la ley y la salvación: La salvación fue determinada por Dios como un acto de justicia. La ley ocuparía su función importante como manual de conducta, para mostrar cómo vive o debe vivir, la gente que es considerada justa a los ojos de Dios. Las dos cosas serían necesarias.

Si captamos el concepto correcto sobre Cómo se Salva la Gente, nos economizaremos una buena cantidad de tiempo y evitaremos entrar en una polémica que no tiene sentido. La ley tiene su lugar y no fue dada como parámetro de salvación. No es necesario seguir discutiendo sobre este punto ad infinitum.

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