En una breve declaración, el tema que desarrolla Pablo en su Epístola a los Romanos aclara: Cómo se Salva la Gente (Rom. 1:17). En realidad es el mismo tema que motivó la Epístola a los Gálatas pero con una diferencia: 1. En Gálatas, Pablo estaba molesto porque los Cristianos-Gentiles de Galacia habían puesto en duda tanto su llamado, como el evangelio que les había predicado. Se dejaron convencer por los Judíos-Cristianos que vinieron de Jerusalén para “rectificar” el evangelio de Pablo (observe que colocamos la palabra “rectificar” entre comillas, para llamar la atención de que, eran los Judíos-Cristianos los que tenían que rectificar, no Pablo). Los Judíos-Cristianos creían, que al convertirse al cristianismo, solo era necesario aceptar a Jesús como el Mesías, pero que todo lo demás en relación a la religión judía, seguía igual. Por tal razón, Pablo corrigió en forma clara y directa, esos conceptos. 2. En la Epístola a los Romanos, Pablo (ya un poco más tranquilo de la situación o crisis de Galacia), elabora un tratado teológico mucho más amplio y detallado que tiene como fin evitar que los creyentes en Roma cayeran en una situación parecida a la de Galacia. Algunos autores afirman que la Epístola a los Romanos es la parte principal del Nuevo Testamento y presenta una exposición de un evangelio puro.

Coloquémonos en las sandalias de Saulo de Tarso por un momento. Nació en Tarso, ciudad principal de Cilicia, de una familia judía, y fue circuncidado al octavo (8vo.) dia, como lo había indicado Dios por medio de Moisés. Al cumplir los doce años participó en la ceremonia del Bar Mitzvah, por la cual se le declaraba oficialmente “hijo de los mandamientos”, lo cual le hacía responsable a partir de ese momento, del cumplimiento de los mandamientos. Educado en la escuela de la Sinagoga de Tarso, Saulo dominó el Hebreo, el Griego, el Arameo y probablemente también el Latín. Esto le ayudó a entender la cultura y la religión de esas naciones. En su juventud tuvo la oportunidad de ir a Jerusalén y sentarse a los pies de Gamaliel, para aprender ‘la manera perfecta de guardar la toráh’ (leyes y mandamientos dados por Dios a través de Moisés), y allí se unió a la secta extricta de los fariseos. Saulo fue un brillante académico, cuidadoso defensor de las doctrinas y tradiciones judías. Era un baluarte para el judaísmo. Era también, la persona mejor preparada para ayudar al pueblo de Dios en su fase de transición del Judaísmo al Cristianismo.

Pensemos también en el impacto que recibió Saulo en el camino a Damasco, cuando el Señor le dice: Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?…Yo soy Jesús, a quien tu persigues. Hech. 9:4,5. Mediante revelación divina, el Señor le aclaró a Saulo, cómo el judaísmo se había desviado de la senda señalada, enfatizando las leyes y mandamientos por encima de los principios y los valores de Dios, al punto de cometer injusticias, tratando de cumplir los mandatos de Dios. Extrictos en las minucias de la ley, descuidaron los valores importantes del reino de Dios. Se quedaron con la tradición y la liturgia que practicaban en forma mecánica, y no produjeron los frutos que Dios esperaba. Por ello, el reino de Dios fue quitado de los judios y “dado a gente que produzca los frutos de él”. Mat. 21:43. En el camino a Damasco Saulo comprendió la razón por la cual existía el Cristianismo, y entendió que el reino de Dios se transfería del Judaísmo al Cristianismo  bajo un nuevo modelo (nuevo paradigma). Para Saulo, convertido ahora en Pablo (el apóstol a los Gentiles’), esta revelación le cambió su mente, su cosmovisión y entendió que el Señor le estaba llamando para una misión especial: Proclamar las buenas nuevas (evangelio) a los gentiles.

¿Cómo se Salva la Gente? Es una pregunta que solo tiene una respuesta: De la misma forma como se salvarán los que vivieron antes del diluvio, los que vivieron después del diluvio y los del período del Nuevo Testamento. La condición es la misma porque la salvación es el resultado de la justicia y la misericordia de Dios. La confrontación que ha surgido en cuanto al tema de la salvación no tiene un verdadero soporte teológico. La ley torah (conjunto de leyes de Dios) nunca fueron dadas a Israel como parámetro de salvación para los que vivieran desde 1.450 a.e.c. (antes de la era común o era cristiana), hasta la venida del Mesías.  Las leyes dadas en el Sinaí constituían  un manual de conducta (o manual de ética), que determinaba cómo los israelitas debían vivir en comunidad; esas leyes incluyeron instrucciones para la aplicación de la justicia humana,  porque Israel fue organizado no solo como religión, sino como una nación. En contraste,  la Iglesia Cristiana no fue organizada como una nación, y por lo tanto, la aplicación de la justicia en la era Cristiana corresponde a los gobiernos y naciones.

Por fallas en una correcta interpretación bíblica, se ha creado un caballo de batalla en el mundo protestante, en la que un bando (los legalistas), afirma que la ‘ley’ de Dios forma parte del cuadro de la salvación, mientras que otro bando (los anti-legalistas) afirman que somos salvos por gracia, por medio de la fe, y a menudo, ni se explica el verdadero significado de la palabra gracia, ni el significado de la palabra fe. Los anti-legalistas se siente libres de vivir como ello quieren. No se sienten atados por ninguna ley, ni siquiera por la ley moral de los Diez Mandamientos, que es el fundamento del carácter y del reino de Dios. El mensaje que transmiten los anti-legalistas se resume en: Vive como quieras que de todas maneras Dios te salvará. Lamentablemente este cuadro distorsiona la imagen de un Dios justo, y presenta la salvación muy difícil para los antiguos, y muy fácil para los del Nuevo Testamento. ¿Esto es así?  La respuesta es no. La justicia de Dios que es perfecta, no puede tratar a unos de una manera, y a otros de otra manera.

Cuando Pablo dice: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” Rom. 1:17, está citando a Hab. 2:4, donde la palabra hebrea emunah que ha sido traducida como fe, significa literalmente firmeza, fidelidad, estabilidad, verdad. Es como lo dice Heb. 11:1: “Es pues la fe (pistas), la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.  Pablo y Silas le dijeron al carcelero de Filipos: “Cree (pisteou) en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tu y tu casa: Hech. 16:31 Santiago por su parte, aclara el término: “Tu crees (pisteou) que Dios es uno: bien haces. También los demonios creen (pisteou) y tiemblan”. Sant. 2:19. La palabra pisteuo que significa creer, tener fe, confiar en una persona, no se refiere a una creencia intelectual únicamente. Por ello, los predicadores y maestros de Biblia, deben aclarar el concepto.

El 31 de octubre de 1517 Martín Lutero colocó las 95 tesis, que invitaban a un diálogo con la Iglesia Católica para aclarar entre otras cosas, el tema de la venta de indulgencias, clarificando cuál es la posición bíblica acerca de la salvación. Fue justamente en Rom. 1:17, donde Lutero encontró la verdad sobre cómo se salva la gente. Este libro de Romanos constituye un desafío, y no es algo que se pueda enteder en solo quince minutos. Es muy importante que los creyentes comprendan claramente Cómo se Salva la Gente.  ____________

Comparta este artículo en la página web: www.inter-religioso.com con otros maestros de Biblia o dirigentes locales. Igualmente le recomendamos la serie: “La Verdad sobre el Catolicismo”.