Los Primeros Cien Años del Cristianismo.

Los primeros cien años del cristianismo pueden ser considerados como los años de expansión y crecimiento en el contexto de una iglesia apostólica. Pero es importante trazar una clara diferencia entre la iglesia cristiana primitiva y su transformación en iglesia cristiana imperial, estableciendo la plataforma para la conformación posterior de la Iglesia Católica Romana a partir del siglo VI.

La presión del judaísmo generó una expansión del cristianismo cuya sede se ubicó en Antioquía de Siria.  El evangelio llegó a la provincia romana de Anatolia (actual Turquía), y la aceptación del evangelio por los no-judíos (gentiles), generó el primer conflicto en la iglesia cristiana: ¿Deben los no-judíos que aceptan el cristianismo, someterse a la circuncisión? La circuncisión era la práctica ritual judía que consistía en cortar en forma circular una parte del prepucio; se practicaba a los niños  judíos. Esta situación se resolvió con el primer concilio de la iglesia realizado en Jerusalén.

La década de los años 50 trajo dificultades para el cristianismo, y no exactamente por el aspecto religioso.  En el año 54 d.C. muere el emperador Claudio César (cuyo nombre completo era Tiberio Claudio César, de la línea de los césares), y es elegido como emperador Nerón, quien era su sobrino e hijo adoptivo.  Nerón tenía solo 17 años cuando fue elegido emperador.  Nació en el año 37 y murió en el 68, a la edad de 31 años.  Su nombre completo era Nerón Claudio César.  El mayor problema de Nerón no fue su falta de madurez, sino su descontrol mental y emocional, sus vicios y aberraciones.  Fue un hombre depravado, adúltero y homosexual que tuvo relaciones incestuosas con su propia madre Agripina, a la que posteriormente mandó a asesinar.  A su esposa Octavia la repudió por ser estéril, y posteriormente la mandó ejecutar acusándola falsamente de adulterio.

La vida de Nerón está llena de crímenes y traición hacia sus amigos y parientes. Entre sus planes estaba el construir nuevos edificios en Roma, plan que el Senado no le aprobó y por lo cual se dice que prendió fuego a un sector de la ciudad, que se salió de control y finalmente destruyó buena parte de la ciudad.  La población se rebeló contra el emperador, y éste acusó a los cristianos, quienes eran considerados como un grupo de hombres llenos de supersticiones nuevas y peligrosas para el imperio, entregándolos al suplicio y al castigo.

Esta primera persecución tenía más un corte político que religioso. En sus comienzos el cristianismo era reconocido como una secta judía y por lo tanto era considerada una secta legal, de acuerdo a la ley romana religio licita. Tan pronto como se reconoció que era una religión diferente al judaísmo, se convirtió en una secta ilegal, sobre todo por su renuencia a participar en el culto al emperador que según el edicto de Decio en el año 250 requería que anualmente se presentara una ofrenda de sacrificio en reconocimiento a los dioses romanos y al genio del emperador.   Los cristianos se vieron forzados a tener sus reuniones secretas y en las noches, motivando comentarios de que los cristianos practicaban actos inmorales y canibalismo, pues comían la carne y bebían la sangre del Cristo. Además no tenían un dios visible para colocar en el panteón de los dioses romanos, lo cual señalaba al cristianismo como una religión atea.

La persecución se incrementó con el edicto de Diocleciano en el 303 d. C.  que prohibió completamente las reuniones de los cristianos y ordenó la destrucción de sus templos. Esta persecución disminuyó cuando Diocleciano renunció dos años después en el 305 d.C. La persecución generó una rápida expansión del cristianismo hasta alcanzar aproximadamente una décima parte de la población romana, que se calcula en por lo menos 50 millones de habitantes para ese tiempo.  Esto significaría que el cristianismo lo conformaban unos 5 millones de adeptos.

La persecución solo concluyó cuando se promulgó el Edicto de Milán en el 313 d.C. apoyado por Constantino quien fue emperador de Roma entre 306-337. Este edicto no solo permitía la libertad de culto para el cristianismo sino para todas las religiones. Constantino afirmaba que el día anterior al combate con Majencio, había visto en el firmamento una cruz resplandeciente con una frase en latín que decía: In Hoc Signo Vinces (Por este signo vencerás).  Hizo pintar sobre su estandarte la señal de la cruz y al día siguiente obtuvo la victoria en el Puente Milvio, argumentando que el Dios de los cristianos le había garantizado la victoria.  Supuestamente estaba adoptando el cristianismo como la religión del estado.  Es interesante notar que la madre de Constantino (Helena) era devota del cristianismo oriental (Iglesia Ortodoxa Griega)

Aunque Constantino no se hizo bautizar sino hasta el momento de su muerte en el 337, conservó el título de Pontifex Maximus y sacerdote principal de la religión pagana que era la oficial del imperio.  Su poder y autoridad se hizo sentir no solo en la dirección de los asuntos del imperio, sino también en el desarrollo y funcionamiento de la nueva iglesia cristiana, que ahora se convertiría en centro de la unidad imperial, un instrumento preservador de la cultura romana y por lo tanto en una iglesia de estado. (Continúe leyendo la parte 3 que será publicada próximamente en ínter-religioso.com).