En el artículo anterior mencionamos, que Ignacio de Antioquía (110 E.C.) y Agustín de Hipona (388-420 E.C.) citaron la palabra ‘católica’, no haciendo referencia a una organización religiosa, sino al  cristianismo y su evangelio de buenas nuevas. La catolicidad (o universalidad) de ese mensaje incluía a todas las personas en todo el mundo. Al final del siglo IV aún no existía la Iglesia Católica Romana como tal.

Si notamos cuidadosamente, el Concilio de Nicea (325 E.C.), aprobó el concepto que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica, pero se refería a la iglesia cristiana, no a la católica romana. Quien estaba dirigiendo el cristianismo era el Emperador Constantino. En efecto, el Concilio de Nicea fue convocado, patrocinado, y financiado, por el emperador y en sus acuerdos, el Concilio de Nicea le dió el espaldarazo o respaldo oficial al emperador, al concederle “la facultad de convocar concilios ecuménicos”. ¿Se ha preguntado por qué no se le concedió esta facultad al obispo de Roma, si realmente el obispo de Roma tenía la supuesta primacía que se le atribuye? La respuesta es obvia: A este punto, entre los obispos de las sedes de Jerusalén, Antioquía, Alejandría, Bizancio y Roma, el Obispo de Roma, todavía no había logrado la preeminencia.

La idea que Pedro fue el primer Papa es completamente falsa y carece de soporte bíblico e histórico. Los teólogos y escritores católicos-romanos han querido encontrar un soporte bíblico que respalde la afirmación que Pedro fue el primer papa. Para ello usan la cita del apóstol Pedro en Mat. 16:13-18 donde la narración bíblica hace referencia a la pregunta de Jesús a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? La respuesta de Pedro fue: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.  Jesús felicitó a Pedro, porque “esta revelación” vino directamente del Padre. Es entonces cuando Jesús dice: “Y yo también te digo, que tu eres Pedro (gr. Petros). y sobre esta roca (gr. Petra), edificaré mi iglesia…” Mat. 16:18. En este relato Jesús no estaba hablando del establecimiento de la organización religiosa y administrativa para la ekklesía. Si se analiza con cuidado este texto dentro de su contexto, lo que Jesús estaba afirmando como Petra, era la validez de la declaración de Pedro cuando afirmó: “Tu eres el Cristo (es decir el Mesías), el Hijo del Dios viviente”.

Las declaraciones cuasi verdaderas del catolicismo romano (y algunas de ellas totalmente falsas), se han repetido por miles de años, al punto que hoy en dia se aceptan como si fueran verdaderas. No obstante, el hecho que una cantidad de personas acepten una declaración falsa como si fuera verdadera, no la convierte en verdadera. Por ello es importante construir el contexto histórico que hay detrás del cristianismo (y de sus diferentes ramas o sub-divisiones), de tal manera que nos permita visualizar la realidad de las cosas. No es inteligente la práctica que se está desarrollando en el cristianismo, de lanzar a los creyentes a defender un conjunto de creencias y doctrinas con el argumento de que “somos la iglesia verdadera”. Esta afirmación la hacen todas las ramas del cristianismo. ¿Cómo han llegado a esta conclusión? Utilizando el silogismo (razonamiento que desarrolla dos premisas que terminan en una conclusión) que dice: 1. Nosotros tenemos la verdad, 2. Esta verdad nos convierte en la iglesia verdadera, y como conclusión, 3. Tenemos asegurada la salvación en el reino de Dios (estamos salvos, y los que están perdidos son los otros).

Analicemos con cuidado la misión de Jesús de Nazaret como el Mesías prometido (el término Mesías del hebreo, significa el Ungido de Dios, palabra que fue traducida al griego como Cristo). El Hijo de Dios no vino a desaparecer al pueblo de Dios como nación, ni tampoco como religión. La prueba de eso es que Israel se mantiene hasta nuestros dias como nación y como religión. Muy diferente fue el destino de las diez tribus del norte, que conformaron el Reino de Israel y que desaparecieron cuando fueron llevadas en cautiverio por el Imperio Asirio. Israel (ahora como el pueblo judío) seguía siendo una nación, y la religion judía seguía siendo la religión establecida por Dios. Los seguidores del Mesías eran considerados por parte de los judíos y por parte del Imperio Romano como una secta del judaísmo (y no era la única secta).

Lo que el Mesías hizo fue iniciar un movimiento de reavivamiento y reforma espiritual dentro de la religión judía, para lo cual llamó a doce discípulos que eran judíos, y tanto Jesús como sus discípulos, siguieron asistiendo al Templo de Salomón como judíos. Siguieron practicando los ritos judíos y llevando sus ofrendas como buenos judíos. La diferencia de este grupo de judíos consistía en que eran ‘judíos-mesiánicos’, es decir judíos que aceptaban a Jesús como el Mesías prometido, en contraste con los otros judíos que no aceptaban a Jesús como el Mesías. Fue en Antioquía de Siria donde empezaron a burlarse de este grupo de judíos-mesiánicos y los llamaron ‘cristianos’, (Cristo era la traducción al griego, de la palabra Mesías, pues el griego se había convertido en el idioma más utilizado en la Cuenca del Mediterráneo). “Y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” Hech. 11:26.

La pregunta que lanzo a su consideración es ésta: ¿Se justifica que hoy, después de dos mil años, sigamos utilizando el término griego ‘Cristo’ para hacer referencia al Ungido de Dios y utilizarlo no como una función  sino como nombre propio? Hoy el griego no es el idioma universal, ni el hebreo es un idioma muerto, ni tampoco vivimos bajo la influencia de la cultura griega o del Helenismo (mezcla de la cultura griega con la cultura local), ni Israel como nación ha desaparecido. Sin embargo, el término griego ‘Cristo’ es utilizado a menudo por tantas personas en forma mecánica, que no refleja la solemnidad de ese nombre y la importancia de esa función. Lo han convertido en nombre propio, y en algunos casos en el apellido de Jesús. Cristo (el Mesías) es el título, de la función que venía a cumplir el Hijo de Dios.

Así que Jesús de Nazaret como el Mesías no vino a establecer una nueva religión que se llamaría cristianismo. Fueron los mismos judíos que no aceptaban el mesianismo de Jesús, los que empezaron a rechazar a este grupo de judíos-mesiánicos, hasta el punto que convencieron al emperador que los judíos-mesiánicos eran otra religión, y cuando esta tesis fue aceptada por el emperador, el grupo de judíos-mesiánicos (los llamados cristianos) se convirtieron para el imperio en una religio illicita (religion ilícita o no autorizada), y por lo tanto quedaba prohibida. El Hijo de Dios también eliminó el modelo (paradigma) de una nación (Israel) como base, y organizó su movimiento basado en la ekklesía (la ekklesía o iglesia identificaba a un grupo de personas que se reunían para discutir o analizar los problemas o situaciones de la comunidad. Así el evangelio se expandería a todas las naciones, y el modelo a seguir sería el establecimiento de iglesias en todo el mundo.

Al aceptar la oferta de Benito Amilcare Andrea Mussolini (primer ministro de Italia 1922-1943) en la conformación del Estado Vaticano, el catolicismo romano ignoró las instrucciones del Señor Jesús, quien en forma clara determinó que su movimiento se realizaría a través del modelo simple de la ekklesía. Fue en 1929 mediante los “Pactos de Letrán” entre la santa sede y Benito Musolini que se configuró, al Vaticano como estado, aunque no es un estado, como un país, aunque no es un país, como distrito de Roma, aunque no es un distrito de Roma, y que está regulado por el derecho internacional, lo cual le permite al catolicismo romano que al papa se le reconozcan honores reservados solo para jefes de estado, y que la iglesia pueda nombrar sus embajadores como cualquier país. Sigue esto el modelo definido por Dios en el Nuevo Testamento? Usted ya sabe la respuesta.

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