EL PACTO ETERNO-3

Fue una decisión sabia y justa por parte de Dios, pues por su presciencia (capacidad de ver el fin desde el principio), Él supo con anticipación que Adán y a Eva caerían en la trampa de Lucifer. La parte del ser humano es aceptar las condiciones y colaborar con el Espíritu de Santo en la transformación del carácter contaminado por el orgullo y la suficiencia propia. La recuperación de la vida eterna se inicia entonces con la recuperación de Dios en la vida de las personas. Lamentablemente el pueblo judío falló en seguir estas indicaciones divinas.

Jeremías registró las palabras de Dios a Judá: “Esto les mandé diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mandé para que os vaya bien. Y no oyeron ni inclinaron su oído, antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante.” Jer. 7:23,24. Esta misma característica señala a los que van a morar en la Nueva Jerusalén: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.” Apoc. 21:7

Tome nota de las tres condiciones incluidas en el Pacto Eterno:  1. Primero, aceptación de la soberanía y supremacía de Dios expresadas en los Diez Mandamientos. 2. Segundo, recorrer el camino de la santidad que transforma el carácter humano a semejanza divina. “Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.” Lev. 19:2. 3. Tercero, testificación y proclamación de las buenas nuevas. Esta tercera característica es el resultado natural de las dos primeras. Este orden es estricto: Primero Dios, luego la transformación del carácter para lograr los resultados o frutos anhelados. 

Por eso cuando Dios le explicó a Israel el propósito por el cual había sido establecido el pueblo de Israel como pueblo especial, les dijo: “Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.” Lev. 11:45. Esta cita bíblica señala las dos condiciones primarias que como un cable de corriente positiva que se junta con otro cable de corriente negativa y producen automáticamente energía calórica, energía motriz o energía eléctrica.

La declaración de propósito o declaración de misión dada en el Monte de Sinaí está en línea con el Pacto Eterno. Esta es la declaración original de la misión dada al pueblo de Israel y es la misma para la ekklesía. La gran comisión de ir y predicar el evangelio a todo el mundo, forma parte de la misión original, y es el resultado de aplicar las dos primeras condiciones. Aquí el orden sí afecta el resultado o producto. No se puede por lo tanto, alterar el orden. 

Originalmente Dios estableció al Israel literal como una nueva nación en un área geográfica del Medio Oriente; una estructura organizativa; un santuario o templo único en Jerusalén, y sacerdotes de la tribu de Leví como dirigentes espirituales. Bajo este modelo, la proclamación de las buenas nuevas seguía el método ‘centrípeto’ (de afuera hacia un centro) donde las naciones vendrían a Israel para preguntar sobre el Dios de Israel. 

Al transferirse el reino de Dios  “a gente que produzca los frutos de él” el cristianismo ya no sería una nueva nación, no tendría la misma estructura organizativa, tampoco tendría un santuario o templo único, ni tendría un ministerio sacerdotal. Continuaría la misma misión original dada en el Monte de Sinaí, sus dirigentes sería doce apóstoles judíos y las buenas nuevas se proclamarían bajo el método ‘centrífugo’ (que va de un centro hacia fuera) bajo el modelo práctico y sencillo de la ekklesía que identifica a un grupo que se ponen de acuerdo para cumplir un objetivo y que se podía organizar en cualquier país y con diferentes idiomas. 

El cristianismo no ha seguido la misión original dada por Dios bajo el Pacto Eterno. El Segundo Avivamiento Espiritual impulsado por las iglesias evangélicas y protestantes en Norteamérica a finales del siglo XVIII creó un entusiasmo por las misiones mundiales y el entusiasmo convirtió ‘la gran comisión’ en la misión de la iglesia para las iglesias evangélicas y protestantes. Pero esto fue una interpretación errónea generada por no seguir el proceso correcto en la interpretación de la Biblia. 

Observemos todo lo que está en juego:

  1. Al no cumplir la misión original, no se enfatiza la importancia ni prioridad de la soberanía de Dios, y no nos referimos a una soberanía retórica, donde el corazón está siendo ocupado por dioses materiales, seculares o religiosos y los principios y valores no son los principios y valores de Dios.
  2. Al no ser Dios el soberano, tampoco se enfatiza la importancia de la transformación del carácter a la semejanza divina; situación que nos deja ‘desnudos’ a la vista del Cielo. Las vestiduras blancas para cubrir la desnudez espiritual son un simbolismo de la transformación del carácter. Apoc. 3:17,18.
  3. Al no tener las dos condiciones anteriores, tampoco se producen los resultados de testificación y proclamación del evangelio. En tiempos de Jesús, Isfal no representaba adecuadamente a Dios, y por ello, Jesús declaró: “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.” Mat. 21:23,43. ¿Y qué vemos hoy en el cristianismo? Una situación peor. Un cristianismo increíblemente dividido en más 44.000 opciones y caminos, que supuestamente conducen al reino de Dios, cuando solo existe un camino: El camino señalado por Dios y descrito en las Sagradas Escrituras.

Aplicación: El judaísmo durante 1.500 años a.e.c. ignoró, desconoció, y no llevó a la práctica las instrucciones de Dios. El cristianismo también está ignorando las indicaciones dadas en el Sinaí y con ello, está perjudicando a creyentes sinceros que han creído lo que sus dirigentes religiosos les han enseñado. ¿Quién entonces tiene la responsabilidad de poner en práctica las indicaciones de Dios? La respuesta es: 1. A nivel individual, cada uno de nosotros. 2. A nivel corporativo, los dirigentes religiosos que han sido nombrados en los diferentes niveles de la estructura organizativa de la iglesia.

Compruebe por usted mismo si esto es así. Hay un solo pacto, el Pacto Eterno, con las condiciones determinadas por Dios. En el juicio final, cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de lo que hicimos con las instrucciones de Dios. Jeremías escribió: “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Más alábese en esto el que hubiere de alabar: entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.” Jer.9:23,24. 

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“CONOCIENDO EL MUNDO DE LAS RELIGIONES Y LAS RELIGIONES EN EL MUNDO”

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