Para enfatizar este aspecto tan importante, les comparto lo que ocurrió cuando asistía a una reunión de motivación al inicio del año. Al llegar al lugar campestre nos instalamos en las cabañas asignadas, y más de doscientos delegados hicieron lo mismo. Para el aseo y la higiene personal habían construido una batería de baños con sus respectivas duchas para los caballeros y una batería aparte y similar para las damas. En el segundo día de la reunión, a las seis de la mañana se escucharon las voces de los delegados que clamaban con voz fuerte, ‘agua-agua-agua’. El mayordomo del lugar enseguida se dirigió al tanque receptor del agua, y encontró que estaba vacío. Se dirigió luego montaña arriba a la bocatoma, donde se captaba el agua, y no encontró algo que estuviera obstruyendo el flujo del agua. Luego, recorrió los dos kilómetros de manguera gigante y encontró el lugar donde por fallas de conexión el agua se derramaba montaña abajo, y no por la manguera gigante.
Una vez que encontró dónde estaba radicado el problema, conectó las dos partes de la manguera que estaban separadas, y un chorro fresco y abundante de agua empezó a llegar al tanque receptor. El problema fue resuelto. En la investigación bíblica ocurre el mismo proceso: Se debe saber cuál es el problema, y dónde está el problema, para saber cuál sería la solución. A menudo los predicadores, evangelistas y maestros de Biblia, señalan la solución para arreglar un problema donde ‘no está el problema’. En los asuntos espirituales en la relación de Dios con el ser humano, y del ser humano con Dios, se afirma a menudo que Dios no va a fallar, que Dios siempre va a estar ahí, que Dios es un padre de amor, (y efectivamente estas son declaraciones verdaderas), pero es que el problema no está en Dios.
¿Qué estamos haciendo los predicadores y maestros de Biblia, al señalar soluciones dónde no está el problema? Es como si un cirujano especialista en apéndice se dedicara en el quirófano a arreglar una uña encarnada del pie derecho del paciente. ¡Ahí no está el problema! En los asuntos espirituales, el problema no es Dios. Señalar la solución del problema donde no está el problema, es como extraer una várice de la pierna derecha de un paciente, cuando la várice que debe ser extraída, está en la pierna izquierda. Al hacer esto cometemos dos grandes errores: El primero es, no dar solución al verdadero problema del paciente. El segundo error es, perjudicar al paciente, pues lo dejamos en peor condición de la que estaba. Me temo que esto es exactamente lo que está ocurriendo en los miles de púlpitos cristianos alrededor del mundo, donde semanalmente se señalan ‘soluciones que no son las soluciones’, para responder a ‘problemas que no son los problemas’.
¿Cuánto tiempo más se necesita emplear para comprender la importancia del libro de Deuteronomio para nuestro tiempo? ¿Entender que el fracaso del Israel literal, dio paso para que el Israel espiritual (organizado con un grupo de doce apóstoles judíos), lograra cumplir el propósito que Dios había asignado al Israel literal? No fue la religión hebrea/judía la que falló. Los que fallaron fueron los sacerdotes judíos quienes eran los dirigentes espirituales de Israel. La revelación profética indica a la iglesia de hoy, la iglesia que vive en el período histórico de Laodicea que:
“Las palabras que Dios dirigió al antiguo Israel encierran una solemne amonestación para la iglesia actual y sus dirigentes.” E. G. White, Palabras de Vida del Gran Maestro, pag. 251.4 (el punto 4 indica que lo encontrará un poco antes de la mitad de esa página). De igual manera ella enfatizó que: “Los principios presentados en el libro de Deuteronomio para la instrucción de Israel, deben ser seguidos por el pueblo de Dios hasta el fin del tiempo.” Notas de E.G. White, La verdad presente en Deuteronomio, pág. 62.7. Esto nos indica que, la situación espiritual que enfrentó Israel también sería la situación que enfrentaría el pueblo de Dios en todos los períodos históricos descritos en los mensajes a las siete iglesias y que hoy, lo que la iglesia debe seguir y debe practicar es el camino señalado por Dios en el libro de Deuteronomio.
A Israel literal se le mostró ‘el camino’, y ese mismo camino es el señalado para el Israel espiritual, incluyendo los ajustes que Dios incluyó para la iglesia del Nuevo Testamento (NT). La guía, agenda o ‘camino’ señalado por Dios para la iglesia de hoy, es el mismo camino que entregó a Moisés y que debía seguir el pueblo de Israel, algo que no sucedió. Las agendas eclesiásticas de hoy tienen valor, si incluyen el mismo conocimiento, la misma instrucción, los mismos principios, los mismos valores, el mismo plan, la misma solución y la misma promesa, que Dios le reveló a Israel. La iglesia no tiene que inventar nada nuevo. Lo que la iglesia debe hacer (y no lo está haciendo) es, llevar a la práctica el modelo y guía original, que es el único modelo válido y autorizado. Si las agendas eclesiásticas no incluyen las indicaciones de Dios, esas agendas carecen de valor y no pasarán la prueba ni el examen final.
Recordemos que cada ser humano tendrá que dar cuenta al tribunal de Dios (Mat. 2531,32). El juicio en el que participarán todas las naciones, no se realizará por grupos ni por familias. El juicio es por individuos. No se podrá justificar sus desviaciones o equivocaciones argumentando: Es que el rabí así me enseño; o creí que el sacerdote me estaba enseñando lo correcto; o creí sin dudar lo que el pastor o el imán me enseñó. Una persona puede ser sincera y honesta, (como fue el caso de Saulo de Tarso), y puede creer y practicar sinceramente un error, pero sigue estando sinceramente equivocada. Un error no se convierte en verdad solo porque la mayoría lo crea o lo prefiera.
Por lo aquí expuesto, el libro de Deuteronomio es el libro que debe ser la base del estudio y de la investigación bíblica para nuestros días. A un nuevo creyente se le debe indicar que lo primero que hay que hacer es ‘conocer el camino’ y ese camino está descrito en el libro de Deuteronomio. El propósito de la iglesia hoy es y debe ser, el mismo propósito que Dios declaró a Israel por medio de Moisés. Las denominaciones que creen que el Antiguo Testamento fue dado solo para los judíos, han pregonado desde el siglo XVIII que la proclamación del evangelio es la misión de la iglesia. El evangelio eterno se incorporó en la misión original dada a Israel, pero la predicación únicamente no es la misión de la iglesia y especialmente cuando se ignora la misión original dada por Dios a Israel.
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