LA MISIÓN DE LA IGLESIA-1R

Era necesario establecer una nueva nación donde Dios pudiera ser soberano y supremo. Ninguna de las naciones establecidas en la cuenca del Mediterráneo calificó para ello. Si se hubiera seleccionado a Egipto, Siria u otra nación, la filosofía de vida y la visión del mundo (cosmovisión) de esas naciones no encajaban con los parámetros divinos. Por esa razón Dios llamó a Abram de Ur de los Caldeos y le dijo: “Vete de tu tierra y de tu parentela…a la tierra que te mostraré, y haré de ti una nación grande, y te bendeciré y… en ti serán benditas todas las familias de la tierra.” Gen. 12:1-3. 

Así fue como con Abram, Dios estableció una nueva nación y una nueva religión, es decir : El pueblo de Israel y la religión hebrea, identificada posteriormente como religión judía. Era necesario mostrar al mundo la diferencia entre una nación guiada por el orgullo y la suficiencia propia, en contraste con una nación guiada por los principios y valores del reino de Dios. El pueblo Israel se formó en Egipto, y de allí salió rumbo al Monte Sinaí, donde Dios les declaró la razón o propósito por el cual los había escogido. Les dijo: “Yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.” Lev. 11:45. Esta fue la declaración de misión o declaración de propósito para Israel como pueblo escogido.   

La misión dada a Israel incluye dos (2) elementos básicos los cuales son expresados  en el texto bíblico, y otros dos se obtienen como resultado de los dos primeros. El texto bíblico señala: 1. El reconocimiento de la soberanía y supremacía de Dios. 2. El mandato de recorrer el camino de la santidad que transformaría su carácter a semejanza del carácter divino. El segundo elemento señalaba la necesidad de que el pueblo practicara los principios y valores del reino de Dios que transformarían la vida de los hijos de Israel. Como resultado de los dos primeros, serían (3) un testimonio ante las naciones y ese testimonio generaría interés por conocer al Dios de Israel. Al venir a Jerusalén, (4) el interés de las naciones abriría las puertas para que los israelitas enseñaran del Dios de Israel.  

Lamentablemente las cosas no salieron como Dios las había planeado. En vez de un gobierno dirigido por Dios, pidieron tener un rey ‘como las otras naciones’ 

(1-Sam. 8:20). Dios sabía que eso no iba a funcionar pero les permitió hacer la prueba con Saúl en 1051 a.e.c., David en 1011 a.e.c., y Salomón en 971 a.e.c. A la muerte de Salomón Israel se dividió en dos reinos: El Reino de Israel formado por diez tribus y el Reino de Judá formado por las tribus de Judá, Levi y Efraín. A partir de entonces se generó un desorden porque Dios ya no era el Dios de Israel, y sus reyes, tanto en el norte como en el sur, se desviaron del camino trazado por Dios. El profeta Oseas registró: “Mi pueblo fue destruído, porque le faltó conocimiento. Será el pueblo como el sacerdote: Le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras.” Ose. 4:6,9. 

Muchos años pasaron en este experimento que no funcionó. El Mesías llegó, y antes de finalizar su ministerio dijo a los judíos: “Os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.” Mat. 21:43. Así, con un núcleo de apóstoles judíos, se dio comienzo a un movimiento de reavivamiento, donde se consolidaron las prácticas de la verdadera religión. No fue la religión hebrea la que falló; fueron los dirigentes religiosos judíos los que fallaron.

Fué la ‘falta de frutos’ (o falta de resultados), que el plan de Dios no se pudo cumplir con el Israel literal. El reino de Dios se transfirió a un grupo de judíos que aceptaron a Jesús como el Mesías, y conformaron la iglesia apostólica en el primer siglo de la era cristiana. La transferencia no fue literal en todo el sentido, porque Dios modificó la logística en el nuevo modelo. Las leyes civiles no se transfirieron, porque la iglesia cristiana no se organizaría como una nación o estado político; tampoco las leyes rituales que anunciaban la llegada del Mesías. Los mandamientos, leyes y estatutos se transfirieron reafirmando la soberanía-y-supremacía de Dios descrita en el primer mandamiento de la ley de Dios. Exo. 20:1-3.

La misión dada al cristianismo es la misma misión original dada a Israel. La proclamación del evangelio: “Id por todo el mundo y predicad (gr. kerusso) el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo; más el que no creyere, será condenado.” Mar. 16:15,16, originalmente tuvo un enfoque centrípeto donde la tendencia viene de afuera hacia el centro que era Jerusalén. Las naciones buscarían entonces el conocimiento sobre el Dios de Israel. (Zac. 8:20-23). El nuevo modelo para la ekklesía, utilizaría un enfoque centrífugo, donde la tendencia va de un centro que era igualmente Jerusalén, hacia afuera. Por esta razón, la misión de la iglesia en el Nuevo Testamento es igual a la misión dada a Israel: 1. Enfatiza la soberanía-y-supremacía de Dios, y 2. Recorre el camino de la santidad. Estas dos premisas primarias producirían un testimonio ante las naciones, y proclamación del evangelio en todo el mundo. 

Lamentablemene la iglesia cristiana desde el siglo IV hasta el siglo XV, se desvió del sendero trazado por Dios. Protestantes y evangélicos afirman que la misión de la iglesia es predicar el evangelio, como si la misión o propósito original dado a Israel, hubiera sido anulado por Dios. Pero, ¿dónde está el soporte bíblico y la sustentación teológica para afirmar tales cosas? . La soberanía-y-supremacía de Dios debe ser una realidad en el cristianismo, pues de lo contrario no se van a producir los frutos esperados. Si el cristianismo no produce los frutos entonces ¿Qué logró Dios con la transferencia del judaísmo cristianismo? Si el cristianismo tampoco da frutos, ¿Qué diferencia hay entre ‘un judaísmo sin frutos y un cristianismo sin frutos?

La predicación de hoy día debe estar centrada en conocer a Dios. La predicación debe explicar: ¿Quién es Dios? La predicación debe explicar y enfatizar qué significa la soberanía-y-supremacía de Dios. El centro no es la iglesia en sí misma. Al comprender la verdadera misión de la iglesia, se cambiarán las prioridades en los objetivos de la iglesia y en los objetivos personales, y en vez de tener un Programa de Entretenimiento Espiritual, las iglesias se dedicarán a promover un Programa de Reavivamiento Espiritual. 

Comentarios u opiniones puede enviarlos a: nino@andrews.edu Le recomendamos leer también los artículo 2 al 10 del mismo tema en www.inter-religioso.com Español.word: inter/magazine//lamisión-1 sp                                                                                                                   Revised Aug. 15, 2023

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