Como la instrucción oral no logró conducir a las generaciones antes del diluvio por el camino de Dios, las generaciones posteriores además de la instrucción oral recibieron la instrucción escrita a partir del año 1.500 a.e.c. (antes de la era cristiana). Israel sería un pueblo especial; una nueva nación o estado político en el Medio Oriente gobernado por YHWH (Yaveh/Jehová), y también serían una religión monoteísta que proclamaría la existencia de un solo Dios y la no existencia de múltiples dioses.
En el Monte Sinaí Dios declaró: 1. Su soberanía, por la cual había decidido establecer un nueva nación.
“Yo os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios; santos seréis, porque yo soy santo.” Lev. 11:45. Setecientos años después Isaías les recordó le recordó a Israel las palabras de Dios: “Porque yo soy Dios, y no hay otro Dios.” Isa. 46:9,10. 2. En segundo lugar, Israel sería un pueblo único y diferente (no como las demás naciones). Para lograrlo, debían aceptar el mandato: “Santos seréis porque yo soy santo”. Israel debía recorrer el camino de la santidad ilustrado en forma didáctica por el santuario terrenal; este proceso transformar sus caracteres humanos, a semejanza del carácter divino.
No es una, sino varias, las veces que Dios le dijo a Moisés: “Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.” Lev. 19:2. Luego declaró, las condiciones del Pacto Eterno: “Si diereis oído a mi voz y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro.” Exo.19:5
En 1.405 a.e.c. después de cuarenta años, el pueblo aún no estaba listo para representar a Dios: “Debido a su falta de confianza en Dios, a su orgullo y a su incredulidad, no estaban preparados para entrar en la tierra de Canaán y mucho menos con un carácter imperfecto, pues no representaban al Dios Jehová. Léase la declaración de E.G. White, en Patriarcas y Profetas, (PP), capítulo 42 pág. 441.7 (el punto siete indica que debe ubicarlo cerca del final de la página 441). Moisés compiló las instrucciones y escribió Deuteronomio, para las nuevas generaciones.
En tiempos de Jesús, -mil cuatrocientos cinco años después, Israel aún no representaba adecuadamente a Dios, y por ello, Jesús le dijo a los líderes judíos: “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.” Mat. 21:43. Así fue como la representación del reino de Dios en la tierra fue transferida ‘del judaísmo al cristianismo’. El grupo de sacerdotes judíos fue reemplazado por los apóstoles (no se les llamó sacerdotes), que también eran judíos. El sacerdocio levítico no fue transferido al cristianismo, y la ekklesía sería el nuevo modelo para proclamar las buenas nuevas por medio del método centrífugo, para llegar a los gentiles quienes se convertirían en el grupo mayoritario dentro del cristianismo.
Isaías enfatizó que se debían seguir cuidadosamente las instrucciones de Dios. Aplicar esas indicaciones divinas sería una señal de respeto a Dios; no llevarlas a la práctica sería una falta de respeto a Dios. “Mirad a mí y sed salvos todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.” Isa. 45:22. El pueblo de Israel en el Antiguo Testamento (AT) y la Iglesia Cristiana en el Nuevo Testamento (NT) formaban parte de la logística de Dios, pero no con el propósito de reemplazar a Dios.
A través de Isaías Dios les dijo: “Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí. Que anuncio lo porvenir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho…” Isa. 46:9,10. Aquí se destaca la soberanía de Dios y también la capacidad que Él tiene por Su presciencia, conocer el fin desde el principio. Con Dios no hay improvisación, emergencias, o plan B. Las situaciones no lo toman por sorpresa porque Él sabe de antemano qué decisiones tomarán los seres humanos en cada etapa de su vida.
El judaísmo durante 1.500 años, ignoró, y no llevó a la práctica las instrucciones de Dios. El cristianismo con 2.000 años de historia, muestra una situación similar. Tanto en el judaísmo como en el cristianismo existen ‘grupos de pensamiento’ liberal, conservador, ortodoxo y radical, pero todos en Israel asistían al mismo al templo, con el mismo sacerdocio y recibían las mismas enseñanzas. En el cristianismo no es así, pues se observan miles de divisiones y miles de denominaciones.
El cristianismo tampoco está representando a Dios e ignora abiertamente las indicaciones dadas en el Sinaí. Por ello, al no seguir las directrices dadas por Dios, ni reconocer la soberanía de Dios, no se está logrando en el cristianismo la transformación del carácter, y por ello tampoco se producen los frutos. La promoción de hoy afirma, que predicar el evangelio en todo el mundo ES la misión de la iglesia, pero, ‘NO ES la misma misión’ que Dios pronunció en el Monte de Sinaí. ¿Quién tiene la razón? ¿Dios? O ¿Los líderes de las reformas protestantes?
Como resultado del II Avivamiento producido en Norteamérica a finales del siglo XVIII (1.790 e.c.), y que fue promovido por las iglesias metodistas, bautistas, y presbiterianas, se logró, que la gran comisión de predicar el evangelio en todo el mundo, se convirtiera en ‘la misión de la iglesia’ para las iglesias evangélicas y protestantes. La declaración original sobre la misión/propósito de la iglesia dada en el Monte Sinaí incluía la transformación del carácter y la producción de ‘frutos’ resultados que tampoco se observan en el cristianismo de hoy, ni las iglesias lo están promoviendo porque están obsesionadas con la predicación.
Ante el énfasis evangélico-protestante que ‘la predicación del evangelio en todo el mundo’ ES la misión de la iglesia, pregunto: Y entonces, ¿Qué pasó con la misión original dada por Dios en el Monte de Sinaí? Este énfasis evangélico-protestante que ‘la predicación del evangelio en todo el mundo’ ES la misión de la iglesia, ha resultado en una actitud de indiferencia e irrespeto a las declaraciones de Dios en el Sinaí, y no importa quien lo haga, va en contravía de lo que Dios indicó, y esa ruta es una desviación del camino señalado por Dios.
Jeremías resaltó las palabras de Dios: “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Más alábese en esto el que hubiere de alabar: En entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.” Jer. 9:23,24. Por ello, ‘la agenda eclesiástica’ que promueva la predicación, ignorando las instrucciones dadas por Dios, va por otro camino. Aquí hay responsabilidades corporativas y responsabilidades individuales, de las cuales se tiene dar cuenta a Dios, en el día final. En esta situación no podemos ni ignorar, ni ser indiferentes.
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“CONOCIENDO EL MUNDO DE LAS RELIGIONES Y LAS RELIGIONES EN EL MUNDO”
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