Seguimos ignorando el propósito o misión original dada por Dios, y lo grave y crítico de esta situación, es que con este énfasis equivocado, la iglesia, ‘deja de hacer lo que debe hacer’. El propósito o misión original no se podía anular porque implicaba anular la soberanía de Dios y esto es impensable. Según el plan de Dios, Israel sería un pueblo especial y a su vez una nación y estado político en el Medio Oriente, con una religión y un mensaje monoteísta para una sociedad politeísta, que a través de Israel se proclamarían las “buenas nuevas” (evangelio en griego). ¿Cómo?
Según Lev. 11:45, Israel debía reconocer y aceptar la soberanía-y-supremacía de Dios. Solo así, Dios podía ser Dios, en los corazones que tomaran esa decisión. Aceptar la soberanía de Dios integraría a la vida diaria de los israelitas los principios, valores, instrucciones, plan maestro y métodos de Dios. Un principio es una norma fundamental del pensamiento y conducta; un valor es la cualidad física, intelectual o moral; tanto principios como valores se aprenden desde la niñez en el hogar, aumentan y se afirman durante el proceso de educación (primaria, secundaria y superior), y determinan las decisiones que el ser humano toma diariamente.
Las 613 instrucciones dadas por Dios (como leyes, mandamientos, decretos, estatutos y ordenanzas), independientemente de su clasificación, eran buenas, correctas, convenientes, santas y justas porque procedían, de la misma fuente. Dios no se equivocó al establecerlas en el contexto de un estado político-religioso. Además de aceptar la soberanía de Dios, Israel recibió el mandato: “Santos seréis porque yo soy santo” Lev. 11:45. Esta transformación era indispensable para un carácter contaminado por el orgullo, el egoísmo y la suficiencia propia. Sin ello, no se podrían producir los frutos (resultados) esperado por Dios.
Al transferir el reino de Dios al cristianismo, la iglesia cristiana tendría bajo su responsabilidad cumplir ese propósito o misión original dado a Israel, para producir los frutos. Ese carácter transformado llamaría la atención de diferentes naciones y la curiosidad motivaría a las naciones a subir a Jerusalén e indagar sobre el Dios de Israel. Zac. 8:21-23. Este era un efecto centrípeto mediante el cual Israel proclamaría las buenas nuevas atrayendo a las naciones por su testimonio. Esta forma de proclamar las buenas nuevas no-era consecuencia de un aprendizaje retórico, sino de una experiencia personal y un compromiso genuino con Dios. Al fallar Israel, el propósito de Dios se mantuvo, así como sus principios, valores, e instrucciones.
Tome nota que la iglesia cristiana no sería un nuevo estado político en el Medio Oriente como lo fue Israel. No habría un solo templo en Jerusalén, pues al adoptarse el modelo administrativo griego de ekklesía los lugares de culto y enseñanza estarían esparcidos por todas las naciones. Las naciones no-subirían a Jerusalén.
Lo que es necesario comprender es, que el método de proclamar de las buenas nuevas se modificó de un método centrípeto (donde la fuerza de la acción va hacia un centro que fue Jerusalén), a un método centrífugo (donde la fuerza de la acción parte de un punto central que también fue Jerusalén y se extiende a todas las naciones). Lo que se modificó fue el método de proclamar las buenas nuevas, pero ni se anuló, ni se modificó el propósito original (Lev. 11:45) que incluía una transformación del carácter.
En el plan de Dios que fue establecido “antes de la fundación del mundo” (Efe. 1:4), los privilegios no eran solo para Abraham y sus descendientes, pues incluían a “todas las naciones”. Dios no se equivocó al elaborar su plan, pues Él sabe las decisiones de los seres humanos, antes de que ocurran (Isa. 46:9,10). Dios sabía que Israel iba a fracasar, y sin embargo, le dio la oportunidad durante 1.500 años.
En la logística divina establecer un pueblo especial era necesario para alcanzar el propósito. El santuario (con tres secciones), era la forma didáctica de ilustrar el proceso de transformación del carácter con la ayuda del sacerdocio levítico cuya función era enseñar al pueblo las instrucciones dadas por Dios. Ese modelo para el Israel del Antiguo Testamento incluyó leyes civiles, (por ser una nación), económicas, litúrgicas, que serían diferentes en el nuevo escenario del cristianismo.
Para el cristianismo el desafío es el mismo, y el propósito es el mismo: Aceptar la soberanía y supremacía de Dios, y permitir el proceso de santificación, pues el mandato fue claro: “Seréis, santos, porque yo soy Santo” Lev. 11:45. Estos dos pasos, sin importar en qué generación se practiquen, generarán la transformación del carácter con la ayuda del Espíritu Santo. Así los hijos de Dios, pensarían como Dios, razonarían como Dios, decidirían como Dios, aplicarían la justicia como Dios y sería fácil vivir de acuerdo a las indicaciones dadas por Dios.
Hoy, la iglesia tiene una responsabilidad corporativa como la que tenía el sacerdocio levítico en tiempos de Israel. Esa responsabilidad recae sobre lo dirigentes en cualquier nivel de la ekklesía. Así se organizó para facilitar la enseñanza, inspiración y motivación. Si hoy los dirigentes están sintonizados en otro canal, los feligreses deberán individualmente asumir dicha responsabilidad pero no se estaría siguiendo el plan de Dios. Los mensajes a la iglesia en el período de Laodicea, están dirigidos específicamente “al ángel”. Y ¿Quién era el ángel en el siglo I y desde allí hasta el día de hoy? El ángel era ( y es), el dirigente espiritual. Lo prudente y lo correcto sería “regresar al camino” indicado por Dios como lo registró Moisés en Deuteronomio y de la misma forma lo hicieron los profetas.
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“CONOCIENDO EL MUNDO DE LAS RELIGIONES Y LAS RELIGIONES EN EL MUNDO”
word: inter/magazine//lamisión-6R sp Revised, Oct. 10, 2023