Hablar de predicación, testificación, o evangelización, es hablar de la Misión encomendada al pueblo de Israel. Pero esta “misión” tiene que ser analizada desde sus orígenes, cuando Dios formó el pueblo de Israel en Egipto, y luego les explicó por qué Dios había tomado esa decisión de tener un pueblo especial.
La misión dada a Israel define cuatro elementos básicos, de los cuales dos de ellos son expresados en el texto bíblico y los otros dos están tácitos o sobre entendidos. Veámoslos: El texto bíblico señala en primer lugar (1) La sumisión del hombre para permitir la supremacía de Dios. En segundo lugar (2) debían recorrer el camino de la santidad. El primer punto sobre ‘La supremacía de Dios’, enfatizó el concepto monoteísta de un solo Dios verdadero, en contraste con el concepto politeísta de las demás naciones. En el segundo punto señaló la necesidad de que el pueblo practicara la santidad. Estas dos premisas generarían una transformación en la vida de los hijos de Israel, que se convertirían automáticamente en un (3) testimonio ante las naciones; ese testimonio generaría curiosidad, interés y deseo de conocer más acerca del Dios de Israel, y (4) los israelitas podrían aclarar, enseñar y predicar acerca del Dios YHWH (Yaveh o Jehová) a quién conocían por experiencia personal.
La segunda declaración específica en la misión dada a Israel fue: “Santos seréis, porque yo soy Santo”. Dios necesitaba un pueblo donde Dios fuera Dios en la realidad, no en forma retórica. Ese pueblo debía recorrer el camino de la santidad por una razón categórica: Dios era santo y su pueblo tendría que ser santo para formar parte de un reino santo. Este camino requería aplicar los principios y valores del Dios. Requería igualmente seguir sus indicaciones y enseñanzas (613 mandamientos, estatutos, decretos, leyes y ordenanzas dadas por medio de Moisés). Todo fue dicho, y todo fue escrito. El Dios supremo impactaría la vida de las personas, y transformaría la conducta de esas personas de tal manera, que las naciones verían que Israel era un pueblo diferente.
El profeta Zacarías que ejerció su ministerio profético a partir del 520 a.e.c. lo explicó en su libro: “Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sión y moraré en medio de Jerusalén…y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios en verdad y en justicia.” Zac. 8:3-8. Esta realidad atraería la atención de las naciones. Vendrían muchos pueblos y naciones a buscar a Jehová y dirían: “Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros” Zac. 8:16-23. Este fue el tercer aspecto tácito en la declaración de “misión” o declaración de propósito expresada por Dios en el Monte de Sinaí.
Lamentablemente las cosas no salieron como Dios había indicado. Israel se desvió del rumbo perdió de vista lo más importante: Dios tenía que ser el centro de sus vidas para poder producir los resultados anhelados. Si Dios no era el centro de sus vidas, tampocos Israel daría sus “frutos”. Como resultado, en Israel se cometieron injusticias e iniquidades unos con otros. La “luz” que debía brillar entre las naciones, permaneció apagada. Los resultados esperados por Dios, no se lograron. Por ello el Señor Jesús a través de una parabola les dijo: El reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” Mat. 21:33-43.
Así fue como el judaísmo (que no se eliminó como nación ni como religión), fue puesto a un lado como el pueblo especial, y surgió el cristianismo, que tenía el deber de cumplir la misión original dada a Israel. El cristianismo ahora debía: 1. Permitir que Dios fuera el Dios en sus vidas, 2. Recorrer el camino de la santidad, 3. Ser luz a las naciones, y 4. Explicar, enseñar y predicar a las naciones. El Señor Jesús enfatizó que esta fase de “ser luz a las naciones” era importante y tenían que ir por todo el mundo “Y predicad el evangelio a toda criatura” Mar. 16:15. La pregunta de investigación es: ¿Por qué las iglesias cristianas han enfatizado solamente la predicación y han ignorado la misión completa que incluía la supremacía de Dios en las vidas de las personas? Sin el poder de Dios transformando la vida de las personas no se producirían “los frutos” que mostraban la diferencia entre quienes vivían y amaban a Dios de todo corazón, y quienes vivían centrados en sí mismos.
Al apartarse Israel de su verdadera “misión” el pueblo fue conducido por sus dirigentes a un desastre espiritual y religioso. Dios esperaba con la organización del cristianismo que ahora las cosas se hicieran bien. desafortunadamente el cristianismo se desvió de la senda trazada por Dios y resultó colocando la ekklesía por encima de Dios. Hoy día, en el cristianismo, el énfasis no es Dios. Desde los púlpitos se invita a los feligreses a salir y predicar para salvar a “los otros”. Pero preguntamos ¿Cómo pueden los feligreses de una iglesia cristiana salir y hablar sobre un Dios que no conocen? ¿Cómo pueden contestar preguntas sobre un problema que no entienden? ¿Cómo pueden enseñar una ética (o conducta) que no practican?
La evangelización debe comenzar por brindar capacitación que aumente el conocimiento de Dios. ¿Quién es Dios? ¿Por qué Dios hace lo que hace? ¿Por qué Dios da la impression de no actuar en los momentos críticos? ¿Por qué se generan situaciones de injusticia en la vida de pobres y ricos, jóvenes y ancianos? ¿Por qué Dios aparentemente no pone un término a las situaciones de injusticia? Al no saber las respuestas a estas preguntas. las personas tienen la tendencia de culpar a Dios, porque Él tiene el poder en sus manos para corregir e impedir el mal, pero supuestamente no actúa. Estas conclusiones son injustas en cuanto a Dios, porque “no se tiene el cuadro completo”. De ahí la importancia de un estudio más profundo de la Palabra de Dios que nos permita entender mejor lo que está pasando.
E.G. White escribió en 1900 que: “El Señor no obra para atraer a muchas almas a la verdad, a causa de los miembros de la iglesia que nunca han sido convertidos, y por aquellos que una vez estaban convertidos, pero se han descarriado.” El Evangelismo, pag. 85.
Es correcto afirmar que la predicación forma parte de la misión, pero no es correcto dar la impresión que es el único componente de la Misión. Esta realidad presenta un desafío para el ministerio pastoral y para los dirigentes de las iglesias, a fin de dar la prioridad a lo más importantes: Dios! Si nos apropiamos de Dios y seguimos el camino de la santidad, la testificación y la predicación se convertirán en un resultado natural y automático. Las Iglesias que quieren introducir un cambio en la vivencia espiritual de sus miembros o feligreses, deben promover un reavivamiento espiritual y aplicar la fórmula de solución presentada por Dios en el mensaje a la iglesia de Laodicea. Apoc. 3:14-22.
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Este tema “Iremos con Vosotros” corresponde a “La Misión de la Iglesia-2”. Recomendamos leer nuevamente “La Misión de la Iglesia-1”. Comentarios y sugerencias envíelos a: nino@andrews.edu
Si nosotros en nuestra experiencia personal no adoptamos los elementos necesarios para cumplir la misión ( La sumisión a Dios, recorrer el camino de la santidad, testimonio ante las naciones, mantener una experiencia personal con Dios) volveremos a incurrir en los errores de los Israelitas.
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Gracias por tu comentario. Me gustaría saber desde dónde escribes. Gracias. MN
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Hola Pastor, escribo desde Bogotá, Colombia Iglesia de Palermo.
Usted estuvo en días pasados en la Iglesia compartiendo la información de la página Inter_Religioso, desde ahí me inscribí y sigo la lectura de algunas de sus publicaciones.
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